Siempre me ha resultado chocante esta frase. Eso de “ganar almas” no lo puedo entender, ¿de qué se trata? ¿A qué se refieren con eso?
¿Le sacamos el alma a las personas y las metemos en una botella? ¿Esperamos a que mueran para que, al salir el alma del cuerpo, podamos meterla en algún depósito preparado para después llevarlas a la iglesia?
Algunas iglesias dan la impresión que sí hacen esto de “chuparle” el alma a la gente, o más bien, el vigor, el espíritu, las ganas de seguir, pero ese es otro tema. Lo que yo quiero saber es, ¿qué significa eso de “ganar almas”? Aparte, ganar. ¿Acaso se trata de una competencia o lotería? ¿Ganar? Porque yo puedo ganar en un partido de fútbol, también puedo ganar en una carrera de obstáculos, pero, ¿ganar un alma?
A Jesús le importaron el hombre y la mujer completos. El vino a dar su vida, para que la nuestra tuviera un propósito, una misión. Nos mostró el camino del amor y la reconciliación, para que pudiéramos reconciliarnos con Dios, con nosotros mismos, y el con el mundo. Para darnos cuenta que no estamos solos, él siempre camina con su pueblo.
La comunidad cristiana debería de enfocarse en el hombre completo, integral, en lugar de enfocarse en una labor demasiado “espiritual” que ni llena el alma, ni el corazón, y menos el estómago de los hambrientos miembros que visitan sus reuniones, con la esperanza de recibir algo más que promesas para el porvenir, una morada en la gloria, y un par de alitas blancas que adornen sus espaldas.
Conozco el significado de la frase “Ganar almas”, pero no entiendo por qué seguimos usándola. Parece que no tiene la importancia para tomarme unos minutos y escribir sobre esto, pero estas palabras comunican lo que le preocupa a la iglesia en la actualidad: ganar adeptos, alcanzar una gran membresía, hacer “maratónicas” para lucrarse, el cielo, el más allá. Y no es que no crea en las promesas de una eternidad futura, claro que sí creo. Pero también creo en el presente, y que Dios espera que mi vida y el mensaje que comparto sea relevante para este tiempo.
Ganemos hombres, ganemos mujeres, ganémos al príncipe de este mundo, y llenemos la tierra del evangelio de la paz, un evangelio integral. El reino de Dios ya llegó, avanza, es la misión de Dios que se cumple con la participación privilegiada de nosotros, el pueblo de Dios.
Que las esperanzas de una vida después de la muerte no sean un obstáculo, renunciemos a esa fe escapista y volvámonos a Dios. El mundo nos necesita hoy. La vida eterna comienza hoy. Jesús nos acompaña en el presente, para que la llegada del mañana sea mejor, y el futuro no sea una preocupación, porque el desenlace de esta historia ya se ha definido.

Ahí tiene que ver la misión integral... no solo una parte si no todo... y no solo la persona humana si no todas las áreas que el pecado a afectado como la naturaleza.
ResponderEliminarTotalmente, es la gran deuda de la iglesia. Hay que aprender del pasado y cambiar muchas cosas.
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